22 de septiembre de 2013

¿Qué se hace cuando no sabés que hacer? Cuando creés tenerlo todo bajo control, y de un día para otro te das cuenta de que no es así. Cuando estás perdido, no podés definir tus sentimientos, cuando nadie te puede ayudar y ningún consejo te viene bien. 

Pensar es una cosa, pero sentir es otra muy distinta. Cuando sentimos no somos racionales, no obedecemos a lo que el cerebro nos dice, no hacemos lo que dijimos que íbamos a hacer cuando pensábamos cómo actuar frente a tal situación… La mayoría de la gente dice que lo correcto es hacer lo que sentís, ¿pero qué pasa si siguiendo esos pasos salís aún más lastimado? Yo creo que lo  que está bien es pensar las cosas, comparar, equilibrar, fijarnos qué nos conviene hacer, decidir, y lo más difícil: actuar. Cuesta. Cuesta mucho. Es cuestión de tiempo tomar fuerzas, tomar coraje, juntar valor, para de una vez por todas, ponerle punto final a eso que tan mal nos hace. Bancarnos el dolor, sufrir por dentro, llorar hasta quedarnos dormidos, y de a poco ir matando esos sentimientos mezclados que tenemos dentro. Porque sí, es así… El corazón no piensa. Y aunque puede llevarnos hacia donde realmente queremos ir, no siempre nos lleva hacia donde más seguros podemos estar.

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